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jueves, 14 de noviembre de 2013

¿Dónde está el bien y el mal?



Mundo corporativo


Jorge Rial hace periodismo político y alcanza influencia; Santiago del Moro, Fernanda Iglesias y Marcela Feudale mezclan espectáculo, crímenes y política en horarios centrales de un canal abierto; Lanata se puso el conchero, se subió a las tablas y en un teatro revista hacía un monólogo que hoy reformuló en PPT; Pavlosky es conductor de un noticiero; Juan Pablo Varsky conduce un programa político, otro deportivo y es moderador en el coloquio de la Unión Industrial Argentina; Fontevecchia, graba un reportaje con el presidente de la Corte pero desnaturaliza sus expresiones  La enumeración no implica una valoración de los periodistas mencionados, es sólo una descripción de los cambios que se produjeron en el formato periodístico tradicional
Las empresas propietarias de Clarín, Nación, Cronista, Bae, Página se quitaron de encima la presión salarial y enviaron a sus periodistas a la búsqueda de auspicios que puedan asegurar una “dignidad salarial” que sus empresas no le garantizan.
Por otro lado, las empresas olvidaron aquello de comunicación institucional, pero continúan repartiendo avisos de una pauta institucional cada vez más flaca que debe atender una demanda cada vez mas gorda
Quién puede afirmar que está mal que Fernanda Iglesias interpele a Sergio Massa; quien puede concluir que es correcto o no,   que periodistas trajinen las empresas en búsqueda de un auspicio publicitario; quien puede concluir que es un error o una mala praxis las omisiones de Fontevecchia. Quien puede decir dónde está el bien y dónde el mal?

martes, 23 de julio de 2013

Futbol: caricatura de la Argentina

Alguna vez, alguien, me comentó que el fútbol argentino es una suerte de caricatura de la Argentina.  Señalaba por ejemplo las enormes individualidades futbolísticas y las contraponía con los gigantes  intelectuales argentinos que poblaron y pueblan las mejores universidades del mundo. Recordaba, además, los brillantes campeonatos mundiales logrados por el EQUIPO, pero sólo en forma excepcional. Y mencionaba por otro lado, algunos éxitos (pocos) colectivos de la Argentina: INVAP, equipo médico forense, algunas pocas multinacionales argentinas, etc.
Y cuando llegó el momento de hablar de la violencia en el fútbol quedó claro, muy claro, que si se logra erradicar la violencia en el fútbol, se modifica la vida política argentina.Trazó el siguiente hilo conductor: Violento vinculado a un puntero; puntero vinculado a un dirigente; dirigente vinculado a un juez y juez vinculado a un dirigente. Esa es la trama que protege al delito y a las formas políticas de la Argentina. Si la desarmamos, desarmamos las formas patoteras y delictivas de la política local.

domingo, 21 de julio de 2013

Una relación difícil

No se cuándo ocurrió, pero si tengo muy en claro que me amigué con ellá. Que aquella angustia ya no está, que se fue y que el lugar de la zozobra fue ocupado por un diálogo difícil pero amigable; con preguntas sin respuestas y espacios que nunca se llenan. Pero ya no le tengo miedo.

viernes, 1 de marzo de 2013

Una interesante reflexión de Hector Guyot sobre la devaluación de la palabra, su trascendencia en la cultura y los límites de la democracia





Viernes 01 de marzo de 2013 | 

¿Para quién escribimos entonces?

Por Héctor M. Guyot  | LA NACION 
En Un arte espectral , un libro de Norman Mailer sobre el oficio de escribir, leí un párrafo que me permitió asomarme a las razones ocultas de un malestar persistente. Es un poco largo, pero vale la pena: "Si haces avanzar una idea tanto como puedes y es tomada y mejorada por alguien que discutirá del lado opuesto, entonces has mejorado la mente de tu adversario. Sin embargo, llegará alguien que tomará la mejora de tu idea de tu oponente y la llevará más alto desde tu lado. La democracia es la encarnación palpitante de la dialéctica: tesis, antítesis, síntesis dispuesta a convertirse en nueva tesis".
Nadie podría acusar a Mailer de ingenuo. El proceso que describe, con las impurezas y las limitaciones propias de la condición humana, se ha verificado en las comunidades más diversas a lo largo del tiempo. De la contradicción nace la colaboración. Hubo momentos de nuestra historia, y no tan lejanos, en los que los argentinos pudimos confirmar esta ley y vivir bajo su amparo. Pero hoy, si nos atenemos a la descripción de Mailer, está claro que no vivimos una democracia.
Los males que nos aquejan son muchos y graves: la inflación, la inseguridad, el padecimiento del transporte público, la corrupción, la cooptación del Poder Judicial, la cruzada oficial contra la prensa crítica (a la que ahora se la busca asfixiar quitándole, por medio de la extorsión y el miedo, la publicidad privada). Sin embargo, lo que contamina la convivencia como una nube invisible que vuelve tóxico el aire que respiramos es el uso de la palabra como mero instrumento de aniquilación.
En lugar de hospedar ideas, hoy aquí las palabras son armas. Lo que vale es su poder letal. Las razones y los argumentos que describen, por más lúcidos que sean, carecen de importancia, porque no hay nadie del otro lado dispuesto a escucharlos. Así, la palabra es apenas una ganzúa que permite violar y vencer todo obstáculo que se interponga entre la voluntad y el objeto de deseo. La polarización que cultivaron los Kirchner se afirmó en esta degradación de la palabra. Pero, bien común al fin, su uso depredatorio se extendió de la plaza pública al tejido social.
El kirchnerismo abraza la estrategia del enfrentamiento y construye a su oponente. Traza la línea entre buenos y malos, y siempre queda del lado de los buenos. A los otros les adjudica, además de los intereses más perversos, el mismo ánimo beligerante que encarna con tanta perseverancia. Impone así la lógica de la guerra y clausura la palabra entendida como vehículo para desplegar la dialéctica que propone Mailer. Hoy en la Argentina no parece haber diálogo posible. ¿Para quién escribimos entonces? ¿Para qué se reúnen los diputados a discutir en el Congreso? La malversación de la palabra es un ácido que corroe tanto las relaciones humanas como las instituciones.
Cuando alguien quiere acallar al otro a cualquier costo suele actuar movido por un temor que denota una angustiante y oculta falta de fe en sus postulados. Su método, en consecuencia, no es la persuasión sino la imposición. Y sopla a pulmón, día y noche, la vela de su barco, porque en el fondo sabe que si deja de hacerlo se va a pique.
Para volver a Mailer, viene al caso transcribir la siguiente línea de Bertrand Russell que el autor de Un sueño americano trata de llevar más lejos: "Todo el problema con el mundo es que los tontos y los fanáticos siempre están seguros de ellos mismos, y la gente más sabia está llena de dudas". Acota Mailer en su libro: "Esto se debe a que la estupidez no es un handicap sino una gran virtud, si todo lo que te importa es salirte con la tuya. Ante los tontos obstinados, todos somos débiles".

lunes, 18 de febrero de 2013

jueves, 6 de diciembre de 2012

1983-2012: nuestra larga transición al autoritarismo

Otra vez, Luis Alberto Romero internandose en los vericuetos de nuestra historia màs reciente para concluir dolorosamente que aquella transiciòn democrática, la primavera de Alfonsín desemboca en un proceso cada vez más autoritario

1983-2012: nuestra larga transición al autoritarismoOPINIÓN

1983-2012: nuestra larga transición al autoritarismo

POR LUIS ALBERTO ROMERO HISTORIADOR, MIEMBRO DEL CLUB POLÍTICO ARGENTINO

¿Cómo llegamos a este deterioro de la democracia? Podríamos atribuirlo a la perversión de los gobernantes o a la incorregibilidad del peronismo. Pero la historia requiere explicaciones más complejas.
1983-2012: nuestra larga transición al autoritarismo

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06/12/12
El 10D de 1983 Raúl Alfonsín asumió la presidencia de la República. Matizando la euforia general por la vuelta de la democracia, las voces más sensatas señalaron quecomenzaba un largo camino, una transición .
Fuimos ingenuos.
A 29 años de distancia, resulta que la transición no llevó a la democracia sino a un lugar muy distinto: el autoritarismo plebiscitario.
La democracia de 1983 se fundó en el Estado de Derecho y en las instituciones de la República. En la ciudadanía y en el sufragio. También, en el pluralismo, la valoración de la diferencia, el respeto al otro y el debate racional. El magisterio presidencial dio esa forma a un consenso, quizá menos preciso, surgido al fin de la dictadura.
La democracia de 2012 conserva el sufragio. Pero parece que los votos colocan al presidente por encima de las leyes y las instituciones. El pluralismo dejó de ser un valor : fuera del pueblo unido sólo hay destituyentes de distinta laya. La confrontación y la polarización son virtudes, y no se espera nada del debate. El gobierno no debe tener límites para sus decisiones, y los controles institucionales son sólo palos en la rueda.
Esta concepción se ha radicalizado en los dos últimos años, y avanza hasta las mismas libertades personales . Es posible que celebremos el aniversario de la democracia con un golpe a la libertad de prensa y un magnicidio a la Justicia . Quizá sólo para demostrar que se puede.
¿Cómo llegamos a esto? ¿Por qué la primavera democrática nos llevó al invierno autoritario?
Sobran ejemplos en la historia del mundo, y aun en la argentina; pero cada caso es distinto, y hay que entenderlo. Podríamos atribuirlo a la perversión de los gobernantes o a la incorregibilidad del peronismo. Pero la historia requiere explicaciones más complejas.
S e puede considerar en primer lugar el efecto de la desilusión democrática que, con la inevitabilidad del péndulo, siguió a la euforia de 1983. Las expectativas eran desmedidas, y el nuevo comienzo se asentaba sobre bases endebles: penuria económica, un Estado maltrecho, poderes sectoriales fuertes y una sociedad empobrecida y segmentada.
La dificultad para asumir y enfrentar esta realidad afectó las expectativas de la civilidad. Hubo desencanto, retracción y hasta un sordo resentimiento.
Los partidos políticos, que debían ser factores activos de la transformación, se encerraron en su estructura profesional y fueron perdiendo su vínculo con la ciudadanía.
También comenzó a emerger en el frente democrático otra interpretación del rumbo iniciado en 1983: la democracia era en realidad el paréntesis para recuperar fuerzas y lograr una revancha histórica. Por ejemplo, la causa de los derechos humanos -lo más importante que produjo la sociedad argentina bajo la dictadura- resultó el cuartel de invierno de una militancia poco preocupada por el Estado de Derecho .
Pero el punto de inflexión del proyecto democrático estuvo en lacrisis de 1989.
En su realidad primero, y luego en su reconstrucción imaginaria. Desde entonces, el país vivió una “emergencia permanente”, y la imagen de la crisis fue realimentada por quienes sacaron provecho de ella. La emergencia justificó la concesión de poderes excepcionales, que el Ejecutivo pidió en 1990 y no devolvió cuando volvió la bonanza económica.
Desde entonces funcionó la “democracia delegativa” , y sucesivamente fueron abandonadas las instituciones de la República, hasta llegar a las formas actuales del autoritarismo.
En los años noventa, este gobierno democrático de nuevo tipo encaró una reforma del Estado. Era impostergable, pero su realización, por apresuramiento y por mala fe, ofreció nuevas oportunidades a los grupos económicos depredadores. Pero además la reforma estatal le permitió al gobierno desarmar sistemáticamente las instituciones estatales encargadas de controlarlo, y así suprimió las posibles restricciones a un poder cada vez más concentrado en el Ejecutivo.
La depredación -de los “capitalistas amigos” y los gobernantes voraces- así como la concentración decisional se profundizaron con la bonanza del siglo XXI.
La otra raíz de esta deriva democrática se encuentra en el mundo social de la pobreza, surgido en los años setenta y consolidado en los noventa . Desatendidos durante los años de penuria, los pobres recibieron pequeñas ayudas focalizadas en los años de bonanza.
Para los gobiernos autoritarios plebiscitarios, la pobreza ha sido una fuente importante de poder.
Lo construyeron con el libre uso de los recursos fiscales, distribuidos a través de una red político-administrativa. Desde entonces este aparato permite producir votos entre los pobres .
Son los votos que convalidaron democráticamente el autoritarismo de la última década.
Los votos que hoy sobreviven, como el último vestigio de una democracia que no fue.
Entre los años de Menem y los de Kirchner, tan similares en sus tendencias, hay una diferencia importante: la explicación, la legitimación, el relato. El primero se construyó en clave neoliberal y fue muy convincente. Luego de 2001 lo reemplazó otro, en una clave más tradicional, nacional y popular.
Ambos cumplieron con eficiencia su función de velo ideológico.
Desilusión, emergencia, debilidad estatal, pobreza y relato han armado una máquina poderosa, que sólo hoy parece encontrar algún límite. Nos preguntamos si acaso estará comenzando la transición hacia algo.
También deberíamos preguntarnos si será algo mejor